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Taller para Joan Miró en Palma de Mallorca

Joan Miró y Josep Lluís Sert son dos colosos de la cultura catalana contemporánea. Ambos compartieron el amor por el Mediterráneo, en especial, por la luz, el paisaje y la cultura popular de las Islas Baleares. Sus trayectorias vitales se vieron marcadas por la guerra y el exilio, pero sus genios creativos se encontraron para concebir esta pequeña obra, simbiótica del racionalismo arquitectónico y el carácter mediterráneo.
Vista exterior del taller de Joan Miró en Palma de Mallorca, diseñado por Josep Lluís Sert...

Vista exterior del taller de Joan Miró en Palma de Mallorca, diseñado por Josep Lluís Sert. Foto: Archivo de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca y Miquel Julià.

Josep Lluis Sert era hijo de una familia acomodada barcelonesa. Al quedarse huérfano fue apadrinado por su tío, el célebre pintor muralista José María Sert. En un ambiente artístico y propicio a la creatividad, su admiración por la obra de Gaudí le abrió las puertas de la arquitectura, aunque fue la obra de Le Corbusier la que captó su atención durante sus años de estudiante. A partir de ese momento su compromiso con la arquitectura moderna fue total: no solo invitó a Le Corbusier a visitar Barcelona, sino que consiguió ser admitido como colaborador en su despacho parisino.

A la izquierda, fachada sur del taller...
A la izquierda, fachada sur del taller, donde las cubiertas y los distintos planos de la fachada crean un contraste cambiante de luces y sombras; a la derecha, la fachada norte que proporciona la mejor iluminación para el trabajo y concentra la mayor proporción de vidrio. Fotos: Jack Hale.

Las idas y venidas a París no le impidieron ser un actor destacado de los ambientes intelectuales de la época: en París conoció y entabló amistad con figuras tan destacadas como Pierre Jeanneret, Charlotte Perriand o Sigfried Gideon; en Cataluña, se relaciona con artistas, fotógrafos y marchantes como Alexander Calder, Joaquim Gomis, Joan Prats o el propio Joan Miró. Paralelamente a sus primeros encargos privados -que realiza junto a Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana-, Sert no abandona la promoción de la arquitectura moderna, ya que participó en los congresos CIAM y, con antiguos compañeros de promoción, fundó el GATEPAC (Grupo de arquitectos y técnicos españoles para el progreso de la arquitectura contemporánea).

A través de publicaciones y exposiciones, Sert dará a conocer las nuevas corrientes arquitectónicas que provienen del contexto centroeuropeo. Sin embargo, defenderá un estilo adaptado a su contexto cultural, vindicando un racionalismo mediterráneo que bebe de las fuentes de la arquitectura vernácula, especialmente de las Islas Baleares.

Al establecerse la República en España en 1931, su figura no pasará desapercibida para las fuerzas progresistas que gobiernan la restablecida Generalitat.

Empezará a recibir encargos públicos, como la Casa Bloc, en los que el racionalismo se erige como expresión formal y conceptual de una nueva arquitectura pública. Proyectos más ambiciosos como la Ciutat de Repòs i Vacances y el Pla Macià, para el que contó con el asesoramiento del propio Le Corbusier, no llegarán a materializarse antes del estallido de la Guerra Civil. Al término de la guerra, habiéndose significado con un ambiente político progresista, Sert será detenido y represaliado. No tendrá más remedio que trasladarse a América con su mujer Ramona Longás, Moncha.

Su último trabajo para las autoridades republicanas fue la construcción, junto con Luís Lacasa, del pabellón español para la Exposición Internacional de París 1937, que alojaría el célebre Guernica de Picasso y obras de artistas como Miró.

La actividad profesional de Sert fue muy intensa durante los años de la Segunda República Española, y ya con el país sumido en la Guerra Civil, construyó el Pabellón de la República Española en París, ciudad desde la cual se verá abocado al exilio junto con su mujer Ramona Longás, Moncha. La pareja llega a Nueva York en 1939, donde son acogidos por el matrimonio Calder. Sert empezará a desplegar su actividad en varios ámbitos: la docencia, la praxis profesional y la determinación de crear un CIAM norteamericano.

La ilusión de poder llevar a cabo su visión arquitectónica y urbana en América se verá frenada por unos inicios difíciles en su condición de emigrante. Todo cambiará cuando, por recomendación de Walter Gropius, será nombrado decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Harvard cerca de Boston, Massachusetts. Entonces su carrera despega de nuevo: sus proyectos, ahora sí, son tomados en consideración y llevados a la práctica, especialmente en la ciudad de Cambridge donde se emplaza la universidad de Harvard.

Obras del célebre artista Joan Miró en el taller de Palma de Mallorca...

Obras del célebre artista Joan Miró en el taller de Palma de Mallorca, ejemplo de racionalismo arquitectónico con influencias mediterráneas obra de Sert. Foto: Arxiu de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca, Miquel Julià, ©Successió Miró 2025.

El contexto americano no impide un constante retorno al contexto físico y conceptual mediterráneo que irá impregnando sus proyectos. Sert exporta a los EE UU tipologías como la casa patio y una materialidad inspirada en las arquitecturas vernáculas que fascinará a la crítica estadounidense y le otorgará un perfil propio.

Una vez levantado el veto para su entrada en España empezará a volver con regularidad a nuestro país, pero la inhabilitación para el ejercicio profesional impuesta por el nuevo régimen persiste durante casi 20 años. Sert no volverá a pisar Cataluña y su ciudad natal hasta los años finales de su vida y establecerá, en cambio, su vínculo con España a través de las islas Baleares y en especial de la isla de Ibiza.

Otro enamorado de la luz mediterránea y de las Islas Baleares era el pintor Joan Miró, aunque había nacido en Barcelona, su madre, así como su futura esposa Pilar Juncosa, eran originarias de Palma. En su juventud, Miró pasaba los inviernos en París Intentando hacerse un nombre en los ambientes artísticos. Se hospedaba en modestos hoteles y trabajaba en almacenes o talleres prestados. Su situación era verdaderamente precaria, él mismo afirma que, en sus primeras estancias en París, se podía permitir una sola comida caliente a la semana.

Durante los veranos volvía a Cataluña y se hospedaba en la casa solariega de la familia paterna para poder ahorrar algo de dinero. Miró recuerda de estos primeros años el carácter nómada de su existencia y a menudo expresó el anhelo de poder tener un espacio propio, un taller donde poder desarrollar su arte en mejores condiciones: “Yo quería ponerme a prueba también con la escultura, con la cerámica, con el grabado, tener una prensa… Ir más allá de la pintura de caballete”.

En 1956, asentado ya como artista, se instala definitivamente en la ciudad de su esposa, Palma de Mallorca. La propia Pilar le ayudará a encontrar un sitio donde instalarse. No querían un emplazamiento urbano, pero tampoco remoto y encontraron una finca rural cerca de Palma llamada Son Abrines. El hermano de Pilar, Enric Juncosa, –que era arquitecto– se encargaría de construir la casa familiar.

En cambio, Miró eligió para proyectar su anhelado taller a su buen amigo Josep Lluís Sert. El arquitecto estaba en pleno apogeo de su etapa en Harvard y acababa de recibir del gobierno americano el encargo para la construcción de la nueva embajada en Bagdad. Sin embargo, Sert sabía que el pequeño edificio en España sería su mejor carta de presentación en un momento en el que quería reorientar su carrera desde el urbanismo hacia la arquitectura. El taller de Miró sería el manifiesto construido donde mostraría el racionalismo con influencias mediterráneas que impregnará sus futuras obras arquitectónicas.

El edificio que alberga el taller de Joan Miró se sitúa en una finca agrícola...
El edificio que alberga el taller de Joan Miró se sitúa en una finca agrícola, en la cual Sert aprovecha los bancales aterrazados para integrar el volumen en el paisaje minimizando su impacto. Foto: Jack Hale.

La distancia motivó una extraordinaria relación epistolar entre Miró y Sert con la excusa de dar forma al encargo. Las cartas se conservan en la Frances Loeb Library de Harvard. En ellas, Sert y Miró comparten reflexiones sobre la vida, el trabajo y la arquitectura. Sert añade deliciosos dibujos y planos en papel milimetrado. El pequeño edificio va tomando forma, empezando por encontrar su lugar en la finca de So n’Abrines: rodeado de algarrobos y almendros, el muro de piedra seca que configura los bancales agrícolas se curva y se retira para dejar espacio y abrazar el taller. Este presenta una contundente volumetría prismática, no más compleja que la de un cobertizo rural: una gran sala de gran altura que podrá alojar todo tipo de obras. Sert propondrá una fachada gruesa de módulos cuadrados enmarcados por la estructura de hormigón, animará esta fachada con combinado en damero celosías con planos ciegos revestidos de cerámica.

En lenguaje actual, el edificio funciona como una máquina bioclimática, aprovechando todo el conocimiento de la arquitectura popular balear para proporcionar confort: ventilaciones cruzadas, celosías, voladizos, complejas carpinterías con hojas fijas y móviles, contraventanas ciegas y persianas de librillo que se destacan mediante vibrantes colores. La gran cubierta concentra el carácter icónico del edificio, una alternancia de bóvedas y lucernarios de hormigón blanco que se avanzan a la línea de fachada.

Casualidad, o no, treinta años más tarde de la construcción del taller, otro arquitecto español tendrá el honor de ocupar el puesto de director de la Graduate School of Design de Harvard, será Rafael Moneo. Mientras ejerce este cargo recibirá el encargo de construir la sede de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca en la finca de Son Abrines, un magnífico edificio que sirve como preludio y complemento a la visita del Taller de Miró en Mallorca.

Al final de su carrera, Josep Lluís Sert volverá a Barcelona para legar a la ciudad un edificio a la altura de su talla como arquitecto: la Fundación Joan Miró de Montjuïc.

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