Difícil convivencia entre bicicletas y peatones en Barcelona

El problema de convivencia entre bicis y peatones en Barcelona sigue abierto. El próximo noviembre, si no hay cambios de última hora, las bicicletas de Barcelona tendrán que abandonar la mayoría de las aceras de la ciudad. Así lo dictamina la ordenanza de circulación aprobada en febrero de 2015 por el consistorio de Xavier Trias, y con los votos a favor de CiU, PSC, ERC e ICV. Desde entonces el consistorio contaba con una moratoria de 18 meses para adaptar la circulación a la nueva realidad. Las bicicletas tendrán que compartir calzada con los vehículos motorizados, y la ciudad tiene que preparar el tráfico para que lo hagan de la manera más segura posible.
Cuando falta medio año para la finalización de la moratoria la pregunta que todas las partes implicadas se hacen es si las calles de Barcelona están preparadas para que las bicicletas abandones las aceras. El diagnóstico no es sencillo, pero teniendo en cuenta los objetivos que se marcó el gobierno municipal al inicio de la moratoria y los resultados que a día de hoy se pueden vislumbrar, todo parece indicar que aún queda mucho trabajo por hacer. En noviembre del año pasado se presentó un plan municipal que prevé que en el 2018 el 98% de la población tenga un carril bici a menos de 300 metros de casa. Ese porcentaje está ahora algo por encima del 72%, según el propio Ayuntamiento, hecho que deja entrever que no estará listo dentro de seis meses. Una tesis en la que coinciden tanto Alberto García, coordinador de Amics de la Bici, como Carlos Benito, portavoz del Bicicleta Club de Catalunya. Para ellos, queda bien claro que no se han cumplido los objetivos y que por lo tanto lo más probable es que el Ayuntamiento eche mano de una nueva moratorio de 18 meses, tal y como la propia normativa recoge en su último punto: “Este plazo podrá ser ampliado por resolución del alcalde”, alcaldesa en este caso. “Lo estamos acabando de evaluar”, puntualiza un portavoz municipal.
En este sentido, y teniendo en cuenta que una segunda moratoria implicaría 18 meses más de convivencia entre bicicletas y peatones, el Gobierno municipal está intentando innovar un nuevo plan para integrar a los ciclistas en la calzada. La intención del consistorio es recuperar un proyecto que ya Trias avanzó en 2013 y que consiste en que algunas de las calles principales de la ciudad tengan un carril con un límite de velocidad de 30km/h para que las bicicletas puedan compartirlo con los coches. El Gobierno de Ada Colau pretende implantar próximamente este plan en tres avenidas de la ciudad: La Travassera de les Corts, L’Avinguda de Madrid y el Passeig Torres i Bages.
El proyecto no convence demasiado al coordinador de Amics de la Bici quien ironiza con la medida: “Pintan una calle y piensan que con esto basta, que los conductores lo respetarán”. Para él, lo único que generará esta medida es una falsa sensación de seguridad en los ciclistas, pero para nada solucionará los problemas existentes. Un poco más comprensivo se muestra Carlos Benito, quien califica el plan de positivo pero advierte que sino viene acompañado de una buena campaña de concienciación a los conductores y de una buena vigilancia de la Guardia Urbana, el plan acabará por no servir de nada.
Al margen de este proyecto y conociendo el objetivo del Gobierno de Colau de ganar en cuatro años hasta 190km más de carriles bici, según Benito, lo más lógico sería alargar la convivencia entre bicis y peatones hasta que la ciudad esté preparada. Alberto García, va un poco más lejos en su reflexión y atiza la medida argumentando que la separación entre bicis y peatones lo único que hará será desincentivar el uso de la bici. “Si la gente se mete con la bicicleta entre los peatones es por miedo a los coches”, afirma García, quien concluye que el problema de la convivencia no se resuelve de ninguna manera separando.
Fuente: El Periódico