Entrevista a Cristina Pascual, gerente de Jamones y Embutidos Mariano Pascual
Cristina Pascual es la actual gerente de Jamones y Embutidos Mariano Pascual, una empresa que nació hace más de 90 años en Carbonero el Mayor, un pequeño pueblo a los pies de la sierra segoviana, cuando Virgilio Pascual comenzó a elaborar chorizo a nivel local. Hoy en día, su nieta lleva las riendas de la compañía controlando con cuidado todos los procesos, desde la selección de la materia prima hasta la presentación final del producto, con un especial hincapié en la esmerada curación natural.
¿Qué importancia y peso cree que tiene el jamón en la alimentación española?
La producción de paleta y jamón curado supone aproximadamente un 21% del total de la producción española de elaborados cárnicos, esto ya permite vislumbrar la importancia del producto, pero es que, además del valor económico, supone un destacado componente en la dieta, así como un elemento indispensable de nuestra cultura.
A nivel nutricional es uno de los alimentos más interesantes, forma parte de la dieta mediterránea y supone una aportación de proteínas y grasas muy equilibrada. Como parte de nuestra cultura, nos habla de saber hacer y formas de vidas, tanto pasadas como presentes.

Cristina Pascual, gerente en Jamones y Embutidos Mariano Pascual.
¿Cuándo y cómo se inicia en el mundo del jamón? ¿Cuál ha sido su experiencia en este sector?
Yo nací en una familia de jamoneros, mis abuelos, tanto paternos como maternos, lo eran, y además prácticamente todos mis tíos se dedicaban a este mundo. Lo que me llevó un tiempo, fue saber que había otras profesiones. De todas maneras, tras licenciarme, decidí seguir en la empresa familiar.
Puede que me precipitara un poco, porque nunca he trabajado en otra cosa, pero lo cierto es que me ha aportado, lo primero, un medio de vida, lo segundo, una realización profesional y, por último, un entorno donde he conocido a mucha gente de una gran valía, tanto personal como profesional.
¿Cuáles son los retos más difíciles a los que se ha enfrentado en su trayectoria profesional?
Retos hay todos los días. Los más difíciles, mi gran reto, fue asumir que lo que aquí pasase iba a ser responsabilidad mía. Después, viene el responder a recesiones, crisis, pestes y pandemias (parar la economía y en año y poco volverla a activar, que no sé qué será peor), a la vez que actualizas instalaciones, adoptas nuevas tecnologías y aplicas normativas de toda índole que aparecen por las esquinas, y de paso intentas que esto sea rentable; pues eso, lo de todos los días.

Recientemente se celebró el Día de la Mujer Rural. Desde su punto de vista, ¿cómo es actualmente la figura de la mujer en el sector jamonero? ¿Cree que ha habido avances en comparación con años atrás?
Nunca me he parado a pensarlo, pero supongo que básicamente, como la del hombre. Hay mujeres que, como yo, han llegado al sector por ser la empresa de la familia, y otras que le han elegido para vivir su profesión porque les gusta. Tanto unas como otras hacen lo que tienen que hacer, esto es su trabajo y no creo que exista una imagen como colectivo (tampoco podría definir la figura del hombre en el sector).
Con lo de si ha habido avances, si es al número de mujeres en puestos directivos supongo que seguirá habiendo más hombres, pero el número de mujeres es, efectivamente, mucho más alto que hace 30 años.
¿Cree que la mujer rural en España está bien considerada y valorada?
Es el medio rural lo que no está valorado, por lo menos no se aprecia como lugar idóneo para vivir. De todas las plazas de la administración que son para desarrollar en los pueblos, no creo que haya ni un 20% que estén ocupadas por gente que viva donde trabaja. La mayoría de estas plazas las ocupan mujeres (médicos, ATS, profesoras, personal de ayuntamientos, etc.), pero no les atrae vivir en el pueblo. No creo que sea problema de valoración femenina.