Importancia y necesidad de formación en el sector porcino

Pedro López ofreciendo una formación a un grupo de alumnos.
A raíz del nuevo Real Decreto de ordenación de granjas porcinas (RD 306/2020) y dependiendo luego de cada comunidad autónoma, el personal de una granja porcina debe de disponer de una formación mínima obligatoria, consistente en un curso básico de 20 horas. Adicionalmente, cada cinco años, se deberá realizar un curso de 10 horas de adecuación de los conocimientos. Por otro lado, los trabajadores de nueva incorporación deben de realizar esta formación en el plazo máximo de seis meses desde la fecha de inicio de su contrato laboral. Estos cursos han de ser uno básico inicial, bienestar animal en granja y en transporte, manipulador y aplicador de productos biocidas, higiene, gestión ambiental y lucha contra el cambio climático.
Esta novedad legislativa se puede considerar como una imposición o como una gran oportunidad para la profesionalización y la mejora de la imagen del sector. Hay muchos factores externos y amenazas que están afectando muchísimo a nuestro sector, la geopolítica, el precio de las materias primas, la energía, el combustible, la sanidad, etc. y uno puede pensar que desde su granja poco puede influir en el precio de compra o de venta semanal, pero hay que plantearse que de puertas hacia dentro de una granja, el que manda es el ganadero y se pueden hacer muchas cosas para cada vez ser más eficiente y reducir costes, y una gran herramienta que se dispone para ello, es la formación.
Las personas son el activo más importante de una granja, ya que son ellas las que llevan a cabo el trabajo del día a día, aplicando las normativas en la práctica, cuidando de los animales y controlando el buen funcionamiento de todos los equipos. El personal ocupa el primer lugar en importancia dentro una granja, incluso antes de diseñar ésta, se ha de saber con qué equipo de trabajo y con que perfiles vas a poder contar. No es que las personas sean solamente importantes, es que son ‘imprescindibles’ en nuestro sector.

Formación continua a un grupo de trabajadores.
Tipos de formación y valores
La formación puede ser de muchos tipos, entre otras, puede ser tipo ‘progresiva o continua’ (por ejemplo, mediante pequeñas píldoras formativas de 5-10 horas al mes sobre temáticas muy concretas como el uso de una nueva tecnología que se puede incorporar a la granja o un cambio en el manejo de las cerdas gestantes, etc.), o formación de tipo ‘cruzada’ (intercambio de experiencias entre los propios trabajadores, nuevos desafíos, retos, etc.). También existe la formación ‘especializada, vertical, avanzada, de reciclaje o periódica’. Decida la que se decida, lo más importante es adecuarla a las necesidades de cada granja y prever ir haciendo acciones periódicamente.
Una de las novedades que actualmente se ha instaurado también es la formación online, una formación muy útil, ya sea en formato síncrona o asíncrona, ya que evita riesgos de bioseguridad, desplazamientos, reducción de tiempos, adaptación flexible a horarios y que puede realizarse de forma muy dinámica y en formatos educativos ajustados a cada perfil alumno (locutados, en diferentes idiomas, interactivos, etc.), y además también bonificable para las empresas.
Los valores que se deben transmitir en las formaciones es la profesionalidad, el respeto hacia el trabajo y hacia los animales y la competencia técnica en la materia. Hay que transmitir siempre la importancia y la magnitud del sector porcino, porque hay muchas personas detrás trabajando, un sector vocacional, dinámico, exigente y en constante evolución.
Es fundamental destacar la labor de cuidar a los animales, ya que todo se base en este concepto, y además, no se pierde con la tecnología (tradición y modernidad no son incompatibles), las personas son y serán siempre imprescindibles y la formación ayuda a ser más eficientes. La tecnología se pasa, pero las personas continúan.

Formación a un grupo de alumnos futuros profesionales.
El compromiso laboral y la motivación de un trabajador suele sustentarse en tres ejes básicamente, la retribución económica, el equipo humano con el que se trabaja (el ambiente laboral) y finalmente el agrado con el cual se ejerce la labor (si te gusta o no te gusta lo que haces cada día y las condiciones), y esos tres ejes son igual de importantes. Por ello, saber que desde la empresa se apuesta por los trabajadores y que se desarrolla un plan de formación, es un elemento de motivación, enriquecimiento de los puestos de trabajo y de mejora.
Sin motivación no se pueden alcanzar los objetivos. Hay que pensar que lo más importante en una granja es la constancia diaria y la perseverancia, así es como se consiguen los objetivos marcados. La motivación conlleva una serie de impulsos y de ganas, que inducen a que una persona actúe de una manera mucho más activa y eso contribuye al alcance de los objetivos, así como al incremento de la productividad.
Es clave dar voz a los trabajadores, darles el protagonismo que se merecen, porque son ellos los mejor conocen su granja en la que trabajan día tras día y cuidan a los animales todos los días del año. La formación continua, cruzada o la vertical, por ejemplo, son tipos de formación que promueven precisamente la participación, el intercambio de información y las experiencias entre los propios trabajadores, o entre otros compañeros, aunque sean de diferentes granjas y ubicaciones, que se conozcan entre ellos y dejarles explicar sus prácticas, pruebas, inventos, errores y aciertos. Que puedan hablar de tú a tú, “de responsable de una tarea a responsable de una tarea”.
La frecuencia con la que se realice este tipo de formaciones promoverá la confianza y la participación entre empleados. También es importante escuchar las necesidades de los operarios, de los encargados, de los veterinarios visitadores, de los jefes de producción, así como de los gerentes y saber que esperan cada uno del otro.

Equipo humano de una granja porcina.
Normalmente, cada trabajador tiene unas tareas asignadas concretas y cada vez se tienden a especializar aún más esas tareas. La clave es dar valor a esa responsabilidad individual de cada trabajador y a la vez hacerles partícipes de la corresponsabilidad colectiva, porque cada uno es un eslabón que forma una cadena. Si en la fase cubrición no se hace bien el trabajo, la cerda no llegará al parto expresando todo su potencial, y si la cerda no sale con una buena condición corporal del parto, no irá luego bien en la zona de cubrición, etc. Mediante una comunicación fluida y una conexión frecuente entre los trabajadores es la manera de conseguir que todas las partes por separado hagan que a su vez funcionen bien todo el ciclo en su conjunto.
Históricamente en las granjas de reproductoras es donde se ha dedicado más esfuerzos en formación técnica por todo lo que conlleva el ciclo de las cerdas, manejo de las cubriciones, atención en partos, control ambiental, uso tecnología, etc., pero realmente todas las fases son muy importantes. Por todos es sabido que la fase transición y la de engorde juegan un papel trascendental en los costes finales. En todas las fases el concepto en el que se debería de dedicar más esfuerzo formativo y creación de una cultura es en la bioseguridad externa e interna, considerándola como la base inicial, ya que de ahí partirá todo lo que pueda suceder en la granja a nivel sanitario, medioambiental, etc.

Formación en la propia explotación ganadera.
Las granjas de porcino absorben con mucha facilidad la tecnología y las herramientas digitales están siendo de mucha ayuda para la toma de decisiones y ser más eficientes. El principal reto de la ganadería es el control de la desviación de cualquier parámetro (bienestar animal, genética, nutrición, instalaciones, salud, medio ambiente, energías limpias...) y toda herramienta que ayude a conseguir ese control, justifica su uso y que se potencie vía formación.
A nivel formativo hay que adecuar las formaciones hacia el conocimiento de las nuevas tecnologías, concienciar sobre el proceso de digitalización y automatización, al tiempo que facilitar la información necesaria para conocer el manejo de los dispositivos más avanzados y utilizados y formar sobre su uso para conseguir los mejores resultados, viéndolos como una oportunidad para tener más control, más información, reducir los tiempos en las tareas y en las decisiones, y, en definitiva, ser más eficientes. Y además, crear nuevas oportunidades de negocio y puestos de trabajo altamente cualificados y porque no, incluso más motivados en el mundo rural. La tecnología ayuda, pero lo más importante es que los trabajadores tengan voluntad de usarla y sacarles el máximo rendimiento.
Para fijar y atraer nuevos talentos al sector disponer de un buen plan de formación puede ser un atractivo, ya que se descubrirá que el sector porcino es un sector esencial, bien organizado, puntero y muy tecnificado, que apuesta por las personas y por su desarrollo profesional. Con todos los retos que hay por delante en los próximos años, la formación es la herramienta clave en el futuro del sector porcino.