Entrevista a Ricardo Cortés
Ricardo Cortés es una de las mayores instituciones del sector de la maquinaria de construcción y obras públicas de nuestro país. Su actividad profesional se ha prolongado durante más de 50 años y, aunque recientemente ha anunciado su decisión de dejar los numerosos proyectos en los que seguía tomando parte activa, sigue manteniendo la misma mente despierta e inquieta de aquel joven estudiante de ingeniería industrial. Desde su primer día de trabajo en 1973, en Huarte, hasta su papel como director el Foro Potencia, Ricardo repasa en esta amplia entrevista todos estos años y comparte anécdotas, aprendizajes y reflexiones que trazan no solo la evolución de un sector, sino también la de una vida marcada por la pasión y el compañerismo.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos del sector?
Empecé estas milicias en septiembre y terminé el día 10 de enero. Estando en quinto había hecho un test en Huarte, un psicotécnico, en mayo, me cogieron. Y me guardaron el puesto hasta enero.
¿Entonces ya sabías que te querías dedicar al mundo de la maquinaria?
¿Qué recuerdo tienes de aquella etapa en la escuela?
Recuerdo la asignatura de mecánica, la más dura de la carrera. El catedrático era Juan José Scala Estalella. Aprobé a la primera. Éramos como mil; el examen escrito, de problemas, lo aprobamos 50, y pasamos al teórico, que eran tres horas en la pizarra, oral. Aprobamos 29
Ya te digo yo tengo muy buenos recuerdos allí en la escuela, porque ya una vez pasabas segundo te consideraban más compañero. Recuerdo a profesores como José Vilarasau era ingeniero industrial, y fue el primer presidente de La Caixa, o el catedrático de organización industrial, Juan Ramón Figuera. Pasados los inicios ya te daban las clases de otra forma, éramos menos alumnos.
¿En aquel ambiente primaba más la competencia o la camaradería?
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¿Es la generación que luego participaría del gran desarrollo de las constructoras españolas?
En mi promoción salía más gente hacia la industria que a la construcción. La construcción siempre ha sido un sector muy copado por ingenieros de caminos y por arquitectos. Una de las pocas mujeres de aquella promoción fue Elena Salgado, quien luego fue ministra de Economía con Zapatero.
Pero en las constructoras había pocos ingenieros industriales, casi todos estábamos en maquinaria o en oficina técnica, en temas de instalaciones, cálculos de estructuras, estructuras metálicas… Huarte, que fue la primera empresa donde yo estuve, tenía una división de estructuras metálicas. En aquella época se hacían muchísimos hospitales con estructuras de acero. Huarte hizo el de La Paz, el de Ramón y Cajal, el de Cruces de Bilbao y el de la Fe de Valencia.
¿Cuál fue tu primera labor en Huarte?
Pero el tema de mantenimiento todavía no estaba todavía organizado. Los fabricantes te daban un catálogo con algunas directrices de mantenimiento, pero la gente no se los leía. Las máquinas se llevaban a la obra y si se quedaban sin aceite o tenían algún problema se mandaban a reparar. Entonces me pidieron hacer un plan de mantenimiento, que hice muy detallado, máquina a máquina. Hicimos unos libros muy completos para cada máquina, con fotos, instrucciones… También pusimos un equipo de gente que iba por las obras inspeccionando que este plan de mantenimiento se llevaba a cabo.
Después dos o tres años pasé a la oficina técnica de maquinaria, además de seguir con el mantenimiento y las reparaciones.
¿Qué hacías en esa oficina técnica?
Hacíamos proyectos de instalaciones y cimentaciones en plantas de aglomerado de hormigón. El fabricante te daba unos planos, pero luego los tenías que adaptar al terreno. Diseños de plantas de machaqueo en función del tamaño de las piedras, de la producción y del tipo de áridos que tenían que salir… Todo este tipo de cosas.
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En tu discurso tras recoger el Premio Honorífico Potencia decías que entonces la maquinaria era algo a lo que se daba poco valor, que se veía casi como algo accesorio. ¿Cómo era la maquinaria para la construcción de mediados de los 70?
Empezamos a usar las primeras bombas de hormigón sobre camión, unas alemanas de la marca Torcret, que la amortiguación cuando daba el pistón era con nitrógeno. Estuvimos haciendo las torres de Colón, y eso entonces se hormigonaba con bomba desde abajo, no había bombas con pluma, sino que eran estáticas. Si tenías un atasco, se te quedaba el hormigón dentro y a las tres horas estaba la tubería hormigonada. En una ocasión nos sucedió, y la tuvimos que desmontar, mandar al taller a que piquen el hormigón, que las limpien…
La maquinaria por aquel entonces tenía mala fama. Era además cuando se empezaba a subcontratar y a alquilar, y eso a los jefes de obra les venía muy bien porque no se preocupaban de nada, recibían la certificación a fin de mes de que se habían hecho tantos metros cúbicos y no había que preocuparse del rendimiento de las máquinas o de si el maquinista lo hacía bien o mal.
En obra pública era un poco más distinto, las máquinas eran más grandes e iban con maquinista propio. Cuidaban más las máquinas y las sabían manejar mejor. Y normalmente, dependiendo del tamaño, poníamos algún tipo de infraestructura, de instalación o de repuestos o de taller para su mantenimiento.
¿Fue el desarrollo de los sistemas hidráulicos la gran revolución de la maquinaria de aquellos años?
Estuviste casi diez años en Huarte, ¿qué te llevó a cambiar?
Por aquel entonces mi mujer estaba a punto de terminar la especialización de medicina, y mis hijas eran pequeñas. Así que solo tenía dos alternativas: o me llevaba a la familia, cosa que yo no podía hacer, o me iba solo, y tenía algo así como 15 días de regreso cada tres meses allí. Ninguna de las opciones me pareció oportuna y me fui de Huarte.
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¿Fue difícil tomar aquella decisión de ‘echar el freno’ y dejar Huarte?
¿Cuál fue tu siguiente paso?
¿Cómo fue aquella experiencia en Iraq?
Pero con todo, tengo muy buen recuerdo de Iraq. Viajar te abre mucho la mente, descubres no solo otra forma de construir sino otra forma de pensar. La mano de obra venía de Taliandia, porque era más barata, y estando allí dos años ahorraban como 15 trabajando en su país. Te das cuenta de cómo vive la gente en otras partes del mundo, y de la suerte que tienes de haber nacido donde has nacido, en vez de haber nacido mil kilómetros más al sur o 3.000 más al este.
¿Cuáles son los proyectos que más recuerdas de aquellos años?
Con Huarte hicimos un proyecto muy, muy grande, la autopista de Buenos Aires. Conectaba la autopista de La Plata con el nuevo aeropuerto de Ezeiza, que estrenaron para el Mundial del 78. Mi trabajo se centró en el proyecto de las instalaciones (almacenamiento y distribución de cemento y áridos, fabricación de hormigón y parque de elaboración automática de ferralla), así como la definición, compra de la maquinaria y seguimiento de su fabricación. Pusimos tres plantas de hormigón que fui a Alemania a comprar y dos silos de cemento de unas 2.000 toneladas. Éramos capaces de dar unos 3.000 metros cúbicos al día, fue una obra fantástica.
¿Cómo estabais al tanto de los avances en años en los que la información no fluía como lo hace ahora?
En las ferias era donde realmente aprendías y veías los nuevos modelos. En Bauma, en Smopyc, en Conexpo… Yo iba con una grabadora pequeñita y una máquina de fotos. Iba sacando fotos de todo y explicando en la grabadora lo que iba viendo. Entonces, al volver a casa lo pasaba todo a máquina y lo difundíamos en el parque de maquinaria para que los que no habían podido ir también estuvieran al tanto de lo que se estaba haciendo. Además, veníamos cargados con todos los catálogos, que eran en papel. No te quiero contar lo que pesaban las maletas de vuelta…
Mi primer jefe, Francisco López Ruiz, que además ingeniero aeronáutico, estaba a la última de todo, y se iba a donde hiciese falta a ver in situ cualquier desarrollo novedoso. Por esa inquietud fuimos pioneros en traer algunos tipos de máquina. Él decía que de viaje siempre aprendes algo nuevo que te compensa el coste. A lo mejor en el momento no, pero dentro de seis meses tienes un problema y tú has visto en uno de estos viajes cómo lo puedes resolver.
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¿Cómo fue la salida de Hispano Alemana?
Estuve cuatro años. De ahí pasé a Auxini nueve años como director de Recursos, Compras, Maquinaria e Instalaciones, y más tarde a CGS. Salvo ese periodo en Acrow, siempre he estado involucrado en temas de maquinaria, de manera más o menos directa.
Y de ahí ya pasaste a Seopan. ¿Cómo se produjo ese salto?
¿Echaste de menos en tu etapa en Seopan el contacto más directo con la maquinaria y la obra?
También he estado toda la vida ligado a Smopyc, también era miembro del jurado de Intermat, iba a Bauma… Además, en aquella etapa descubrí la maquinaria de ferrocarriles, porque ninguna de las empresas en las que había estado hasta entonces tenía división ferroviaria. Ese tema para mí fue muy impactante por la cantidad de normativa que tienen y por las máquinas tan específicas y tan raras comparado con lo que yo estaba acostumbrado a ver.
¿Cuáles son los principales proyectos que llevasteis a cabo en esa Comisión?
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A partir de 2008 llegó la grave crisis económica que tuvo un impacto muy fuerte en el sector de la construcción. ¿Cómo fueron aquellos años?
Y a finales de 2019, cuando anuncias tu jubilación de Seopan, llega la llamada del Foro Potencia.
José Manuel Galdón, consejero delegado de TPI, empresa editora de Potencia por aquel entonces, me llamó porque quería hacer unos desayunos de trabajo, para unas 40 personas, sobre el sector de la construcción. Pero con la pandemia tuvimos que cambiarlo y hacerlo por vía telemática. Y así empezamos, en mayo de 2020, con Rogelio Cuairán, de Smopyc, como primer invitado.
¿Cuál es tu primer recuerdo de la revista Potencia?
Entonces existía la Asociación de Técnicos Españoles de Maquinaria de Construcción y Obras Públicas, Atemcop. Era una asociación de personas, no de empresas. Yo era socio, y allí estaban personas como Juan López Martín, Juan Antonio Muro, José Eugenio Martínez Muro, que era el director de Dynapac… Esta asociación, entre otras cosas, organizaba viajes. Había una feria en Múnich, y organizaba un vuelo en el que íbamos todos. Allí pasábamos tres o cuatro días, y había relación más personal con este círculo de gente, entre ellos los periodistas.
También has estado muy involucrado en los Premios Potencia.
Son más de 50 años en contacto muy estrecho con la maquinaria. ¿Cuál es para ti el mayor cambio que ha habido en este medio siglo?
Lo que quiero decir con todo esto es que la evolución de la maquinaria ha sido paralela a los cambios en los tiempos.
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¿Con qué te quedas de todas estas peripecias durante 50 años?
Nos seguimos viendo, animando y compartiendo cosas. Hemos pasado muchas cosas juntos. En la misma empresa o en las UTEs, hemos pasado muchas penurias juntos y hemos resuelto muchas cosas juntos. Sin duda, me quedo con el aspecto humano.
Y ahora que estás viendo los toros desde la barrera, ¿qué es lo que más echas de menos?
“Los cambios en la maquinaria son reflejo de los tiempos”
“La ergonomía, la sostenibilidad y la inteligencia artificial han marcado los avances en maquinaria”