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"Lo más valioso de estos 50 años ha sido la experiencia humana"

Entrevista a Ricardo Cortés

Lucas Manuel Varas Vilachán27/01/2025

Ricardo Cortés es una de las mayores instituciones del sector de la maquinaria de construcción y obras públicas de nuestro país. Su actividad profesional se ha prolongado durante más de 50 años y, aunque recientemente ha anunciado su decisión de dejar los numerosos proyectos en los que seguía tomando parte activa, sigue manteniendo la misma mente despierta e inquieta de aquel joven estudiante de ingeniería industrial. Desde su primer día de trabajo en 1973, en Huarte, hasta su papel como director el Foro Potencia, Ricardo repasa en esta amplia entrevista todos estos años y comparte anécdotas, aprendizajes y reflexiones que trazan no solo la evolución de un sector, sino también la de una vida marcada por la pasión y el compañerismo.

Ricardo Cortés en su discurso de agradecimiento tras recibir el Premio Potencia Honorífico 2024
Ricardo Cortés en su discurso de agradecimiento tras recibir el Premio Potencia Honorífico 2024.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos del sector?

Mi primer recuerdo es mi debut profesional, en Huarte, el 11 de enero de 1973. Yo terminé la carrera en junio del 72, y me quedaban las prácticas de milicias, que se hacían entonces. Eran campamentos de verano de tres meses que se hacían en tercero y cuarto. Una vez terminada la carrera, tenía que hacer las prácticas de milicias, las hacías de alférez o de sargento, y eran de cuatro meses.

Empecé estas milicias en septiembre y terminé el día 10 de enero. Estando en quinto había hecho un test en Huarte, un psicotécnico, en mayo, me cogieron. Y me guardaron el puesto hasta enero.

¿Entonces ya sabías que te querías dedicar al mundo de la maquinaria?

No, realmente no sabía a qué me quería dedicar. Yo estudié industriales, la especialidad de organización industrial. El tema de la construcción me surgió un poco de rebote, yo no sabía dónde iba a ir y entonces me cogieron para el parque de maquinaria de Huarte. El tema de las máquinas siempre es una cosa que te gusta. En la carrera estudias cosas, hay muchas asignaturas de motores, de máquinas, máquinas eléctricas, incluso ferrocarril… Pero en industriales no existe la asignatura de maquinaria de construcción, como sí existían para los ingenieros técnicos de obras públicas. Yo tengo el libro, me lo regaló el catedrático porque yo fui a dar algunas charlas allí.

¿Qué recuerdo tienes de aquella etapa en la escuela?

Muy bueno. Primero y segundo eran cursos muy selectivos. Éramos mil personas, y a segundo pasaban menos de la mitad. Segundo era el curso más duro de la carrera, y después, aunque había asignaturas más complicadas, como termodinámica o electrónica, era más llevadero.

Recuerdo la asignatura de mecánica, la más dura de la carrera. El catedrático era Juan José Scala Estalella. Aprobé a la primera. Éramos como mil; el examen escrito, de problemas, lo aprobamos 50, y pasamos al teórico, que eran tres horas en la pizarra, oral. Aprobamos 29

Ya te digo yo tengo muy buenos recuerdos allí en la escuela, porque ya una vez pasabas segundo te consideraban más compañero. Recuerdo a profesores como José Vilarasau era ingeniero industrial, y fue el primer presidente de La Caixa, o el catedrático de organización industrial, Juan Ramón Figuera. Pasados los inicios ya te daban las clases de otra forma, éramos menos alumnos.

¿En aquel ambiente primaba más la competencia o la camaradería?

Yo creo que había más camaradería. Además, los exámenes los hacías solo, lo aprobabas o lo suspendías tú, no había un cupo de alumnos que tuviesen que pasar.
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¿Es la generación que luego participaría del gran desarrollo de las constructoras españolas?

En mi promoción salía más gente hacia la industria que a la construcción. La construcción siempre ha sido un sector muy copado por ingenieros de caminos y por arquitectos. Una de las pocas mujeres de aquella promoción fue Elena Salgado, quien luego fue ministra de Economía con Zapatero.

Pero en las constructoras había pocos ingenieros industriales, casi todos estábamos en maquinaria o en oficina técnica, en temas de instalaciones, cálculos de estructuras, estructuras metálicas… Huarte, que fue la primera empresa donde yo estuve, tenía una división de estructuras metálicas. En aquella época se hacían muchísimos hospitales con estructuras de acero. Huarte hizo el de La Paz, el de Ramón y Cajal, el de Cruces de Bilbao y el de la Fe de Valencia.

¿Cuál fue tu primera labor en Huarte?

Me nombraron responsable de mantenimiento y reparaciones del parque de maquinaria, que estaba en la calle Alberche de Madrid. En el taller tenían una línea muy buena de fabricación de piezas. Había tornos, fresas… Cosas que normalmente no había en ningún taller. Anteriormente, no había repuestos. Teníamos unas máquinas italianas, unas traíllas Ansaldo Fossati, pero no había repuestos o tardaban mucho. Cuando se rompía alguna pieza, la fabricaban en el taller. Eran bastante autosuficientes.

Pero el tema de mantenimiento todavía no estaba todavía organizado. Los fabricantes te daban un catálogo con algunas directrices de mantenimiento, pero la gente no se los leía. Las máquinas se llevaban a la obra y si se quedaban sin aceite o tenían algún problema se mandaban a reparar. Entonces me pidieron hacer un plan de mantenimiento, que hice muy detallado, máquina a máquina. Hicimos unos libros muy completos para cada máquina, con fotos, instrucciones… También pusimos un equipo de gente que iba por las obras inspeccionando que este plan de mantenimiento se llevaba a cabo.

Después dos o tres años pasé a la oficina técnica de maquinaria, además de seguir con el mantenimiento y las reparaciones.

¿Qué hacías en esa oficina técnica?

Por ejemplo, calculábamos los arriostramientos de las grúas torre. Entonces no te lo daban, tú calculabas cómo lo tenías que hacer, ver si el pilar te pillaba lejos o cerca… También preparábamos ofertas con unas fichas técnicas con los rendimientos de las máquinas. Calculábamos los tiempos de los ciclos de manera manual para optimizarlos.

Hacíamos proyectos de instalaciones y cimentaciones en plantas de aglomerado de hormigón. El fabricante te daba unos planos, pero luego los tenías que adaptar al terreno. Diseños de plantas de machaqueo en función del tamaño de las piedras, de la producción y del tipo de áridos que tenían que salir… Todo este tipo de cosas.

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En tu discurso tras recoger el Premio Honorífico Potencia decías que entonces la maquinaria era algo a lo que se daba poco valor, que se veía casi como algo accesorio. ¿Cómo era la maquinaria para la construcción de mediados de los 70?

Cuando yo empecé, había gente de oficios en plantilla. Huarte tenía encofradores, tenía ferrallas, encargados de obra… Tenía una estructura que fue desapareciendo a medida que se iban haciendo mayores. Eran gente que miraba por la empresa. Pero en edificación todo era más caótico y el problema es que nadie se ocupaba de la maquinaria. Llegaba cualquiera, la arrancaba esperando que aquello echase aire si era un compresor, que sacarse corriente eléctrica si era un grupo electrógeno, que la bomba de agua funcionase… Pero cuando estas máquinas no se cuidaban se averiaban.

Empezamos a usar las primeras bombas de hormigón sobre camión, unas alemanas de la marca Torcret, que la amortiguación cuando daba el pistón era con nitrógeno. Estuvimos haciendo las torres de Colón, y eso entonces se hormigonaba con bomba desde abajo, no había bombas con pluma, sino que eran estáticas. Si tenías un atasco, se te quedaba el hormigón dentro y a las tres horas estaba la tubería hormigonada. En una ocasión nos sucedió, y la tuvimos que desmontar, mandar al taller a que piquen el hormigón, que las limpien…

La maquinaria por aquel entonces tenía mala fama. Era además cuando se empezaba a subcontratar y a alquilar, y eso a los jefes de obra les venía muy bien porque no se preocupaban de nada, recibían la certificación a fin de mes de que se habían hecho tantos metros cúbicos y no había que preocuparse del rendimiento de las máquinas o de si el maquinista lo hacía bien o mal.

En obra pública era un poco más distinto, las máquinas eran más grandes e iban con maquinista propio. Cuidaban más las máquinas y las sabían manejar mejor. Y normalmente, dependiendo del tamaño, poníamos algún tipo de infraestructura, de instalación o de repuestos o de taller para su mantenimiento.

¿Fue el desarrollo de los sistemas hidráulicos la gran revolución de la maquinaria de aquellos años?

Fue un avance muy importante. En Huarte teníamos un camión de transporte de maquinaria, un Reo del ejército americano, de cuando hizo la base naval de Rota. Era el más grande y más potente para poder llevar las máquinas más pesadas, pero no tenía dirección asistida y tenía que ir ‘a brazo’. En todo Huarte solo había una persona capaz de manejarla. Ahora, cuando voy a las ferias, me gusta subirme a los camiones, a los Mercedes, a los Man… No tiene nada que ver con lo que nosotros teníamos.

Estuviste casi diez años en Huarte, ¿qué te llevó a cambiar?

El director de maquinaria, Paco López Ruiz, se fue, y hubo cambios en la estructura de Huarte. Además, a principios de los 80 nos habían dado unas obras en Irak. Teníamos que hacer cinco hospitales maternoinfantiles en Bagdad, y querían que yo me hiciese cargo. Llegué a estar en Iraq varias veces viendo los sitios.

Por aquel entonces mi mujer estaba a punto de terminar la especialización de medicina, y mis hijas eran pequeñas. Así que solo tenía dos alternativas: o me llevaba a la familia, cosa que yo no podía hacer, o me iba solo, y tenía algo así como 15 días de regreso cada tres meses allí. Ninguna de las opciones me pareció oportuna y me fui de Huarte.

Ricardo Cortés recoge el Premio Honorífico Potencia de manos de David Muñoz, director del Área de Construcción e Infraestructuras de Interempresas...
Ricardo Cortés recoge el Premio Honorífico Potencia de manos de David Muñoz, director del Área de Construcción e Infraestructuras de Interempresas.

¿Fue difícil tomar aquella decisión de ‘echar el freno’ y dejar Huarte?

Mi mujer es una vocacional de la medicina. Ella es de Tenerife, y cambió la Universidad de la Laguna para venir a Madrid. Hizo muchos esfuerzos y estaba haciendo la residencia en la Paz, como médico rehabilitador. Además, estando yo en Huarte, tuvimos nuestra segunda hija. A todos los que se marcharon les fue bien económicamente, pero entonces yo no podía decirle que nos fuésemos.

¿Cuál fue tu siguiente paso?

Me llamaron de Hispano Alemana de Construcciones, una empresa del Grupo Rumasa, para ser director de Aprovisionamientos, Compras y Maquinaria. Les habían dado una obra en Iraq, 2.000 viviendas cerca de Bagadad y otras 3.000 cerca de Basora, en el sur. Total, que 15 días después de irme de Huarte por no querer ir a Bagdad, me fui a Iraq. Estuve tres años yendo, aunque al revés de lo que me habían propuesto en Huarte, cada dos o tres meses estaba allí 10 o 15 días y luego me volvía. Era mucho más llevadero.

¿Cómo fue aquella experiencia en Iraq?

Eran años muy convulsos. Entonces estaban en guerra con Irán, y tuvimos aventuras de todo tipo: nos ametrallaron, nos bombardearon… Hemos llegado a tener incluso un secuestro en un avión volviendo de Argelia. De todo, aunque afortunadamente sin problemas físicos para nosotros.

Pero con todo, tengo muy buen recuerdo de Iraq. Viajar te abre mucho la mente, descubres no solo otra forma de construir sino otra forma de pensar. La mano de obra venía de Taliandia, porque era más barata, y estando allí dos años ahorraban como 15 trabajando en su país. Te das cuenta de cómo vive la gente en otras partes del mundo, y de la suerte que tienes de haber nacido donde has nacido, en vez de haber nacido mil kilómetros más al sur o 3.000 más al este.

¿Cuáles son los proyectos que más recuerdas de aquellos años?

Con Huarte hicimos un proyecto muy, muy grande, la autopista de Buenos Aires. Conectaba la autopista de La Plata con el nuevo aeropuerto de Ezeiza, que estrenaron para el Mundial del 78. Mi trabajo se centró en el proyecto de las instalaciones (almacenamiento y distribución de cemento y áridos, fabricación de hormigón y parque de elaboración automática de ferralla), así como la definición, compra de la maquinaria y seguimiento de su fabricación. Pusimos tres plantas de hormigón que fui a Alemania a comprar y dos silos de cemento de unas 2.000 toneladas. Éramos capaces de dar unos 3.000 metros cúbicos al día, fue una obra fantástica.

¿Cómo estabais al tanto de los avances en años en los que la información no fluía como lo hace ahora?

En aquellos años era muy importante ir a feria para conocer las novedades. También recuerdo en aquellos años la revista Potencia, porque te daba una primera idea de lo que se estaba haciendo. Leíamos fundamentalmente la revista Potencia y Maquinaria y Equipos, que tenía un formato enorme, como la Hoja del Lunes.

En las ferias era donde realmente aprendías y veías los nuevos modelos. En Bauma, en Smopyc, en Conexpo… Yo iba con una grabadora pequeñita y una máquina de fotos. Iba sacando fotos de todo y explicando en la grabadora lo que iba viendo. Entonces, al volver a casa lo pasaba todo a máquina y lo difundíamos en el parque de maquinaria para que los que no habían podido ir también estuvieran al tanto de lo que se estaba haciendo. Además, veníamos cargados con todos los catálogos, que eran en papel. No te quiero contar lo que pesaban las maletas de vuelta…

Mi primer jefe, Francisco López Ruiz, que además ingeniero aeronáutico, estaba a la última de todo, y se iba a donde hiciese falta a ver in situ cualquier desarrollo novedoso. Por esa inquietud fuimos pioneros en traer algunos tipos de máquina. Él decía que de viaje siempre aprendes algo nuevo que te compensa el coste. A lo mejor en el momento no, pero dentro de seis meses tienes un problema y tú has visto en uno de estos viajes cómo lo puedes resolver.

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¿Cómo fue la salida de Hispano Alemana?

Se acabó la obra de Iraq, y además con la expropiación de Rumasa las cosas empezaron a ir mal y tuvieron que vender la compañía. De ahí me fui a Acrow Ibérica como subidrector general, la sucursal española de una compañía inglesa. Ahí estuve menos en maquinaria y más en obra, porque era una empresa que fundamentalmente alquilaba encofrados. Estuve con ellos cuatro años. Me contrataron porque habían estaban haciendo la nueva estación de Cercanías de Atocha con Fomento de Obras y Construcciones, y nosotros nos encargábamos de todo el hormigón.

Estuve cuatro años. De ahí pasé a Auxini nueve años como director de Recursos, Compras, Maquinaria e Instalaciones, y más tarde a CGS. Salvo ese periodo en Acrow, siempre he estado involucrado en temas de maquinaria, de manera más o menos directa.

Y de ahí ya pasaste a Seopan. ¿Cómo se produjo ese salto?

Alejandro del Valle, a quien conocía de Hispano Alemana, estaba de director técnico en Seopan y se iba a jubilar. Yo estaba en CGS, que por aquel entonces ONCE vendió a Corsán-Corviam. Enrique Aldama acababa de sustituir a Fernando Bilbao como presidente de Seopan, y me contrató en 2004. Nunca olvidaré mi primer día, porque fue el 11M, el día de los atentados, Íbamos a tener una reunión con el Ministerio, pero, por supuesto, aquella reunión no se llegó a celebrar.

¿Echaste de menos en tu etapa en Seopan el contacto más directo con la maquinaria y la obra?

En realidad, seguía teniendo mucho contacto con ella a través de la Comisión de Maquinaria de Seopan. Ahí estaban todos los jefes de maquinaria, que eran colegas míos, nos veíamos una vez al mes. Además, era una Comisión bastante activa, la presidía Juan Antonio Muro Murillo, que era muy vocacional de la maquinaria y promovía reuniones en Atlas Copco, Finanzauto… Allí nos enseñaban los últimos productos, me ayudaba a no perder el hilo de las novedades.

También he estado toda la vida ligado a Smopyc, también era miembro del jurado de Intermat, iba a Bauma… Además, en aquella etapa descubrí la maquinaria de ferrocarriles, porque ninguna de las empresas en las que había estado hasta entonces tenía división ferroviaria. Ese tema para mí fue muy impactante por la cantidad de normativa que tienen y por las máquinas tan específicas y tan raras comparado con lo que yo estaba acostumbrado a ver.

¿Cuáles son los principales proyectos que llevasteis a cabo en esa Comisión?

En esas comisiones el trabajo era muy colectivo. Hicimos un manual de mantenimiento de uso y prevención de riesgos laborales de maquinaria. También hicimos un manual de costes de maquinaria. Participé en el primero estando en Huarte, era un librito muy pequeño, de unas 20 páginas, que todavía tengo por casa. El último ya es un libro de 300 páginas. Genera mucho trabajo, lo hemos ido mejorando mucho. Añadimos una adenda con el funcionamiento de las máquinas, para que sirve cada una, etc. Mi gran espina clavada es que quise hacer una app y sacarla antes de jubilarme, pero aquello no llegó a concretarse.
Lucas Varas, director de la revista Potencia, y Ricardo Cortés en un momento de la entrevista
Lucas Varas, director de la revista Potencia, y Ricardo Cortés en un momento de la entrevista.

A partir de 2008 llegó la grave crisis económica que tuvo un impacto muy fuerte en el sector de la construcción. ¿Cómo fueron aquellos años?

Fueron años duros. Las empresas tenían el 80% de la facturación aquí. En 2004, por ejemplo, estaba el ‘obrón’ de la T4, o los túneles de la M30. Cuando empezó la crisis, muchas empresas, al ver que no había obras, y empezaron a salir fuera. Pero había muchas empresas pequeñas que quebraron. En Seopan también tuvimos que reducir el número de personas que éramos.

Y a finales de 2019, cuando anuncias tu jubilación de Seopan, llega la llamada del Foro Potencia.

Me jubilé en enero de 2020, a dos meses de cumplir 72. En Seopan tocaba hacer algún tipo de reestructuración, como estaba haciendo CNC o Ceoe, más de acuerdo con los nuevos tiempos. La labor que yo hacía se dividió en dos. Por un lado, la prevención de riesgos laborales y calidad de medio ambiente, que se encargó a Carlos Mártínez Bertrand, y por otro los temas de maquinaria y tecnología, de representación en organismos como UNE, Aenor o FIEC, de la que se hizo responsable María Moreno.

José Manuel Galdón, consejero delegado de TPI, empresa editora de Potencia por aquel entonces, me llamó porque quería hacer unos desayunos de trabajo, para unas 40 personas, sobre el sector de la construcción. Pero con la pandemia tuvimos que cambiarlo y hacerlo por vía telemática. Y así empezamos, en mayo de 2020, con Rogelio Cuairán, de Smopyc, como primer invitado.

¿Cuál es tu primer recuerdo de la revista Potencia?

De cuando empecé a trabajar en el 73, era la revista que estaba en todas las oficinas de construcción. La veíamos por todas partes. Eran los tiempos de Jesús Elorz, su fundador, que estuvo mucho tiempo de director.

Entonces existía la Asociación de Técnicos Españoles de Maquinaria de Construcción y Obras Públicas, Atemcop. Era una asociación de personas, no de empresas. Yo era socio, y allí estaban personas como Juan López Martín, Juan Antonio Muro, José Eugenio Martínez Muro, que era el director de Dynapac… Esta asociación, entre otras cosas, organizaba viajes. Había una feria en Múnich, y organizaba un vuelo en el que íbamos todos. Allí pasábamos tres o cuatro días, y había relación más personal con este círculo de gente, entre ellos los periodistas.

También has estado muy involucrado en los Premios Potencia.

Formé parte del jurado desde la primera edición, en 2007. Es una de esas cosas agradables que estás todo el año esperando a que llegue la fecha. Nosotros, el jurado, nos lo tomábamos muy en serio. Hacíamos una reunión extraordinaria, fuera de la Comisión de Maquinaria de Seopan, para ver qué máquinas se presentaban y que cada uno expusiera su opinión. Fue algo muy novedoso. Yo he visto estatuillas de los premios en despachos de directores generales, son muy apreciados en el sector.

Son más de 50 años en contacto muy estrecho con la maquinaria. ¿Cuál es para ti el mayor cambio que ha habido en este medio siglo?

Los cambios en la maquinaria son reflejo de los tiempos. Cuando yo empecé en el sector, las máquinas aspiraban a ser más grandes. Luego se pasó a una etapa de más atención al maquinista. La ergonomía, las protecciones ROPS y FOPS, los mandos… Con el desarrollo de los sistemas hidráulicos, el rendimiento mejoraba no por tamaño, sino por mayor eficacia en el trabajo. Después hemos visto mayor desarrollo de temas electrónicos e informáticos. También empezamos a hacer máquinas más sostenibles y menos contaminantes. Y ahora estamos en la época de la conectividad y la inteligencia artificial.

Lo que quiero decir con todo esto es que la evolución de la maquinaria ha sido paralela a los cambios en los tiempos.

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¿Con qué te quedas de todas estas peripecias durante 50 años?

Fundamentalmente, con la experiencia humana. Con la cantidad de conocidos, muchos con la categoría de amigos, que he ido conociendo a lo largo de estos años. Mi primer jefe, que tiene 93 años, Paco López Ruiz, es una persona a la que admiro profundamente y quiero michísimo. Seguimos quedando a comer y mantenemos el contacto los antiguos jefes de maquinaria: Juan Antonio Muro, Antonio Pérez, Antonio Requena, Juan Toledo, Carlos Jerez, Julián Rojo, de Agromán, que falleció recientemente…

Nos seguimos viendo, animando y compartiendo cosas. Hemos pasado muchas cosas juntos. En la misma empresa o en las UTEs, hemos pasado muchas penurias juntos y hemos resuelto muchas cosas juntos. Sin duda, me quedo con el aspecto humano.

Y ahora que estás viendo los toros desde la barrera, ¿qué es lo que más echas de menos?

El ‘comecome’ de las cosas pendientes. Yo siempre he sido muy organizado en el trabajo, con mis cosas apuntadas en la agenda. Ahora no tengo pendiente casi nada, desde el punto de vista profesional. Con el Foro Potencia, aunque estuviésemos dos meses sin hacer uno, un mes antes ya tenía un montón de cosas que hacer y estaba toda esa adrenalina que te genera el poner a punto un trabajo. Eso sí lo echo de menos.
“Viajar te abre mucho la mente, descubres no solo otra forma de construir sino otra forma de pensar”

“Los cambios en la maquinaria son reflejo de los tiempos”

“La ergonomía, la sostenibilidad y la inteligencia artificial han marcado los avances en maquinaria”

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