Horticultura

FERTILIZACIÓN 38 Por ejemplo, la producción de biopelículas bacterianas en las raíces y el suelo da lugar a un aumento de la porosidad de este, y actúa como una barrera entre el sistema radicular y el ambiente salino, manteniendo más estable el potencial hídrico de la planta. La solubilización bacteriana de K+ o P+ permiten una mayor absorción de estos iones por parte de la planta, lo que aumenta su concentración frente a otros iones tóxicos, como el Na+ (que en condiciones salinas se encuentra a altas concentraciones, produciendo efectos negativos en las plantas). Además, la exposición de los cultivos a VOCs bacterianos puede desencadenar ciertas respuestas moleculares en la planta, que permiten contrarrestar los efectos negativos de la salinidad en el suelo. De esta manera, las PGPB actúan sobre los cultivos, no sólo mejorando su productividad y valor nutricional bajo unas condiciones óptimas de crecimiento, sino ayudando a resistir las condiciones ambientales adversas que provocan la reducción en la producción vegetal. Por lo tanto, la obtención de cepas bacterianas con capacidad PGP e inocuas (es decir, con un alto nivel de bioseguridad para el ser humano y el medio ambiente) supone una alternativa de gran interés ante las condiciones climáticas cada vez más desfavorables/hostiles a las que se enfrenta la agricultura. BIOFORTIFICACIÓN BACTERIANA FRENTE A LA SALINIDAD Las PGPB son un grupo de bacterias heterogéneo, dentro del cual se encuentran los rhizobia, utilizados desde hace décadas por su capacidad para establecer relaciones simbióticas con plantas y fijar nitrógeno atmosférico en nódulos radicales. El género Rhizobium fue el primer grupo descrito dentro de estas bacterias, conocido comúnmente por la fijación del nitrógeno atmosférico en simbiosis con las leguminosas. En los últimos años se ha descrito la capacidad de este taxón bacteriano para interactuar con cultivos no leguminosos, mejorando su producción y su valor nutracéutico, incluso bajo condiciones de estrés abiótico (como la salinidad). En estudios realizados en la Universidad de Salamanca, se ha observado que la aplicación de cepas de este género bacteriano sobre plantas de lechuga provoca mejoras en parámetros vegetativos y productivos, también bajo condiciones de salinidad (Figura 1). Así, los ensayos en invernadero mostraron que la inoculación del cultivo de lechuga con estas bacterias generó mejoras de hasta el 80 % de varios parámetros productivos y de calidad de este cultivo: peso de la parte aérea, número de hojas y contenido en clorofila de las hojas. Por lo tanto, la aplicación de cepas de Rhizobium no sólo favorece el crecimiento de la planta y su rendimiento comercial, sino que también ayuda a mantener un mejor aspecto de la parte comercializable de este cultivo. Por otra parte, bajo condiciones de salinidad la inoculación con Rhizobium también presentó mejoras de hasta el 30 % en los parámetros analizados con respecto a plantas no inoculadas. De esta manera se puede establecer que la biofortificación con Rhizobium mejora la adaptación de la lechuga a condiciones de estrés, como la salinidad del suelo, además de incrementar su productividad en un ambiente óptimo para su desarrollo. Otro aspecto relevante observado en los ensayos de invernadero es la capacidad que tienen las bacterias inoculadas para mejorar el contenido nutricional de las plantas de lechuga, al incrementar la concentración de compuestos bioactivos (Figura 2). La inoculación de cepas específicas del género Rhizobium induce aumentos del 57 y 76 % en el contenido total de Figura 1. Efecto de la biofortificación de plantas de lechuga mediante la aplicación de Rhizobium, bajo condiciones normales (arriba) y salinidad (abajo).

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