Taladro a bordo

Todos sabemos cómo funciona y para qué sirve un taladro, sólo hay que pasarse por un comercio especializado y adquirir el que más nos convenga según nuestro bolsillo y necesidades. Lo que en un principio sería una máquina para el bricolaje, se ha vuelto una caprichosa herramienta para muchos escaladores, que hartos de picar con la maza, han encontrado una manera fácil y rápida de perforar la roca.
La artesana manera de colocar expansiones a mano ha quedado relegada a unos pocos románticos que se aferran a la antigua usanza, por nostalgia, sentido común, o dinero. Claro está que el aparato cuesta lo suyo, y cuanto más lo usamos más gastamos. De otra forma para hacer un agujero nos lo pensamos dos veces, e incluso más, si necesitamos fuerzas para terminar una vía. La cuestión es colocar de una u otra forma un hierro con su robusta chapa que quedará para la posteridad, para bien o para mal.
Antaño lo de poner expansiones no estaba bien visto, era una ruín estrategia para conquistar lo imposible. Lo auténtico, ético y elegante era pasar sin ponerlas, y si fuese el caso utilizarlas como último recurso. Ahora existen los dos extremos: los que defienden la integridad de la roca a capa y espada, y los que se despachan a gusto con la broca equipando vías largas a destajo.
Estos últimos, que forman un considerable colectivo, son los más asiduos a la ferretería. Hay que estar al día de las últimas novedades del taladro más potente y ligero, unas propiedades que serán vitales a la hora de abrir en libre extremo desde abajo o para colocar colgados de estribos una chapa tras otra y decir luego, para colmo, que la tirada sale en libre.
Puestos a hacerlo bien, ¿porqué no equiparla desde arriba cómodamente? Utilizaremos menos chapas, los anclajes quedarán en su sitio y ahorraremos batería. A la larga, ¿qué mérito tiene una vía de estas características donde poco hay que discurrir para escalarla? Las vías de artificial técnico, al menos, hay que calcular resistencias y pesos para no ir hacia abajo, pero lo otro... Sólo le falta un cable para convertirse en una ferrata.
El taladro sigue siendo un nefasto artilugio en según que manos y en consecuencia un pobre referente de la escalada "de oferta" actual. No estaría demás concienciarse sobre su uso y dejarlo en casa para las tareas domésticas. Para escalar en el monte, no son necesarios tantos trastos, pero aún hay quien los necesita.