Casi doscientos esquiadores en la primera etapa de la Régil

Ni de encargo. Porque una jornada que se esperaba nublada y triste ha amanecido radiante para recibir en las nieves de los Picos de Europa a casi doscientos esquiadores de todas las edades con ganas de disputar la 41 Copa Andrés de Régil-Trofeo Kutxabank de esquí de montaña.
La noche descargó en los Picos y era nieve, una capita de harina sobre las hierbas, una liviana espuma blanca sobre el manto que en las cotas altas se había medido con 2,5 metros de espesor. El nevadón de este invierno tardío cumplió las expectativas que los lebaniegos conceden siempre a la “rabá de marzo” y es por eso que los Picos tenían, tienen todavía, nieve abundante y buena. Así, con nieve buena, durita pero muy esquiable, arrancaban los inscritos en la Régil, unos pocos menos que otros años por estar la fecha en las puertas de la Semana Santa vacacional.
La fila se estiró rápidamente en Lloroza pero se apretó subiendo la Sierruca, se estiró de nuevo bajando a Áliva y se encogió mientras subían a Covarrobres. Ellos lo tuvieron que ver, aunque desde la cuneta de la traza uno piensa que a la velocidad a la que esquían y, resoplando bajo el esfuerzo, apenas podrán admirar el paisaje, pero estuvo radiante: algunas nubes manchaban la Peña Sagra, también vestían La Torre Blanca y La Padiorna, Remoña y más tarde la Peña Vieja. Pero lo hacían como si fuesen sedas acariciando el mundo de las rocas, jugando a esconder o desvelar a capricho la aguja de Covarrobres, hija de la Peña Vieja. En ese entorno esquiaban, marcando la primera huella los que terminaron primeros, seguidos por los segundos y perseguidos también por los terceros, detrás todos los ciento y pico.
Para alcanzar las puertas de Cabaña Verónica la cosa se había ya dilatado, las nubes venían a pisar los paisajes y la prueba se iba poniendo dura y más dura. Pero, increíblemente, no había pasado una hora desde las diez en punto de la salida cuando ya había esquiadores por Tesorero. Les quedaba aún tema largo y un poco más difícil porque la niebla cerraba las cimas de Torreblanca y Padiorna para quienes iban más atrás. Por fin los Picos se cerraban a los panoramas pero dejaron esquiar a placer a los esquiadores más veloces y tanto o más a los tranquilos. Hasta el punto de que quienes éramos oyentes de las transmisiones de los controles de la prueba escuchamos repetidas felicitaciones a la organización de no pocos participantes.
Indiscutible la forma física de los más rápidos. Quienes esperábamos en meta vimos llegar primeros al equipo juvenil formado por Carlos Llerandi y Iosu Martín que venían del recorrido corto. No eran aún las 13:00 horas. Pero enseguida llegaban, raudos y veloces, Luis Alberto Hernando y Kiko Navarro del equipo de Guardia Civil. Imagínense la velocidad y forma física para recorrer casi veinte kilómetros de distancia acumulando un desnivel de subidas de 1.872 metros en un tiempo de 2h10’25”. El segundo equipo en entrar ha tenido el mismo patrocinador y ha sido el integrado por Diego Gómez Simón y Antonio Blanco con 2h14’50” seguidos a casi nada por David Vazquez y Sergio Cabrero con 2h15’37”.