6+1 claves para reducir el desperdicio alimentario en el sur de Europa, superior al promedio europeo
Con el objetivo de reducir el desperdicio y la pérdida de alimentos, así como inspirar al cambio de modelo del sector alimentario a través de casos reales en España y Portugal, entre otros países, EIT Food, en colaboración con la consultora 21gramos, ha elaborado el informe 'La pérdida y el desperdicio alimentario en el sur de Europa'.
La mayoría de los países del sur de Europa generan más desperdicio alimentario per cápita al año que el promedio europeo, situado en 132 kg per cápita, frente a los 273 kg estimados en Chipre. Por ello, la investigación se ha centrado en identificar los principales desafíos y oportunidades en cada eslabón de la cadena de valor alimentaria para reducir el desperdicio y la pérdida de alimentos en Portugal, España, Italia, Grecia, Turquía, Malta y Chipre. Además, el informe recoge ejemplos de buenas prácticas y propuestas de actuación para empresas, instituciones y responsables políticos de la región. La metodología se ha basado en un enfoque cualitativo, sustentado en una profunda investigación documental y en entrevistas con personas expertas en agroalimentación, empresas y líderes de opinión clave.
“A pesar de que la meta 12.3 de los ODS se ha marcado reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en los hogares y reducir las pérdidas de alimentos en las primeras etapas de la cadena alimentaria, según Naciones Unidas todavía el 40 % de los alimentos se pierde o desperdicia a lo largo de la cadena alimentaria”, afirma Begoña Pérez Villarreal, directora de EIT Food en el Sur de Europa.
Seis (más una) ideas para transformar el sistema alimentario
Los principales hallazgos y aprendizajes de esta investigación cualitativa se condensan en seis palancas clave más una premisa imprescindible para transformar el sector alimentario y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.
- Entre estas palancas para activar el cambio destaca, en primer lugar, priorizar la prevención, mediante campañas de concienciación ciudadana, especialmente en aquellos países del sur de Europa con menor regulación y escaso debate público sobre este tema (Malta, Chipre y Grecia).
- También es importante diferenciar entre el desperdicio y la pérdida de alimentos para adoptar soluciones específicas. La pérdida, por una parte, sucede cuando los alimentos se estropean o se pierden en las distintas etapas de la cadena de valor (sector primario y transporte), mientras que el desperdicio, por otro, se da cuando los alimentos que completan la cadena no son consumidos porque se desechan, dejando que se caduquen. En esta línea está trabajando, por ejemplo, la startup Bio2Coat, respaldada por el programa de EIT Food Accelerator Network, que ha diseñado envases y recubrimientos comestibles para prolongar la vida útil de alimentos perecederos, reemplazando el uso del plástico.
- Unificar los criterios de medición es un desafío transversal a todos los países y especialmente en las primeras etapas de la cadena de valor, lo que permitiría concienciar sobre los excedentes, focalizar esfuerzos y tomar mejores decisiones para reducirlos. En este sentido, los expertos proponen ayudar a las empresas del sector a implementar sistemas de gestión de alimentos y medición basados en tecnologías inteligentes, blockchain e inteligencia artificial. Un ejemplo de innovación en este ámbito lo encontramos en la startup alicantina Oscillum, centrada en el desarrollo de etiquetado inteligente y promovida también por EIT FAN Accelerator para evitar el desperdicio alimentario.
- Otra de las conclusiones principales de la investigación es que para transformar el sistema alimentario es necesario adoptar un enfoque holístico y multidimensional entre todos los agentes implicados en cada eslabón de la cadena y en los diferentes sectores, que permita integrar diferentes soluciones, en lugar de depender exclusivamente de la donación de excedentes.
- Diseñar e implementar políticas integrales y coherentes, alineadas entre regiones y países, como el Consumer Observatory de EIT Food, el centro neurálgico de Europa para el conocimiento del consumidor sobre temas agroalimentarios.
- Por último, impulsar el escalado de startups innovadoras, poniendo el foco en la revalorización de subproductos es otro de los aprendizajes extraídos tras la investigación.
6 +1. Además, las voces expertas entrevistadas coinciden en una séptima premisa imprescindible: el compromiso de todas las partes es esencial para encontrar soluciones viables y, por tanto, alcanzar los objetivos de reducción del desperdicio alimentario. EIT Food se posiciona como un actor clave para liderar esta transformación, impulsando alianzas y promoviendo soluciones innovadoras.
Buenas prácticas para una misión compartida
El informe recoge una recopilación de buenas prácticas implementadas en el sur de Europa para reducir el desperdicio alimentario, desde modelos de prevención y reutilización hasta estrategias de reciclaje y valorización de residuos.
“Ejemplos como el espigamiento en España, las iniciativas de acuaponía en Portugal o los sistemas de donación y redistribución de alimentos en Italia y Turquía demuestran el impacto positivo de diferentes soluciones en las distintas etapas de la cadena de valor y nos inspiran a accionar el cambio”, sostiene Pérez-Villarreal.
Sobre la necesidad de promover una alianza multisectorial, las voces entrevistadas durante la investigación coinciden en que reducir el desperdicio de alimentos es “una misión colectiva que requiere la implicación de empresas, gobiernos, instituciones y la sociedad en su conjunto”. En palabras de Rubén González-Román, director de Investigación y Estrategia ESG en 21gramos: “Es necesario transitar hacia un cambio de paradigma de todo el sistema alimentario, que permita desarrollar una industria regenerativa con la que, además, reduciremos nuestro impacto ambiental, desarrollaremos nuevas tecnologías al servicio de las personas y gozaremos de una dieta más saludable”.




















