Entrevista a Marcos Martínez, presidente de Accoe
29 de junio de 2012
En nuestro país, la falta de precipitaciones ha sido la responsable de una campaña de invierno de cereales con una menor producción de grano. Se espera una cosecha de 11,5 millones de toneladas en lugar de los 13 millones que se auguraban en un principio. Desde la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España, ¿cómo valoran estas cifras?
Estas estimaciones suponen un descenso global de las producciones de cereales de invierno de alrededor del 31% respecto a la pasada campaña, así que la podemos catalogar como una cosecha mala. Sin duda, esto redundará en una menor disponibilidad de cereal nacional, aunque siendo un país que se caracteriza por caídas de producción cíclicas, los operadores estamos acostumbrados a enfrentarnos a este tipo de circunstancias con solvencia. Si bien es cierto que dificultará algo nuestra tarea, el grado de profesionalidad de los almacenistas españoles es tan elevado que el suministro se puede considerar asegurado.
Si tenemos en cuenta que España es un país deficitario en cereales, ¿cómo cree que afectará la mala campaña de invierno al precio de los mismos en el mercado? ¿Desde su asociación prevén un encarecimiento de estas materias primas?
No tiene por qué, aunque de producirse, se deberá más a una cosecha europea y mundial corta de cereales que a la coyuntura local. España, como usted bien indica, es un país deficitario y en el caso de esta campaña estimamos que habrá que importar cinco millones de toneladas más que en la campaña agrícola 2011/12. Esto implicará que la operatividad de los puertos españoles será muy alta, aunque están preparados para ello ya que se trata de una situación recurrente en el sector.
Uno de los sectores presumiblemente más afectados por la volatilidad de las cotizaciones es el sector ganadero. Al aumentar el precio de los piensos, los productores ven agravada su situación al dispararse también sus costes de producción…
No sólo el sector ganadero, el harinero también. La volatilidad es el rasgo que ha definido las últimas campañas. La subida de precios de las materias provocada, entre otros por el aumento de consumo en los países emergentes, así como la aparición de capitales especulativos en los fondos de materias primas, aunque la idea inicial era evitar las fluctuaciones, ha situado a estos sectores en una posición delicada. De todas formas, y centrándonos en la ganadería, no podemos culpar únicamente a esa escalada de precios de todos los males que la aquejan. Ahí también tenemos cuestiones como la imposibilidad de repercutir en el consumidor final, el aumento del coste de producción, la situación de los mercados financieros, las inversiones obligadas por las nuevas normativas de bienestar animal, etc.
Desde Accoe deseamos un marco en el que todos los eslabones que participamos en la cadena agroalimentaria trabajemos con una rentabilidad mínima, desde el agricultor al productor final, pasando por el resto de los componentes de la cadena. Una situación que, aunque parece utópica, es la única vía para garantizar la disponibilidad y calidad de la alimentación en los hogares españoles.
En el marco de la última Feria Internacional de Maquinaria Agrícola de Zaragoza, FIMA 2012, y a expensas de unas condiciones meteorológicas más propicias, el expresidente de Accoe, Francisco Álvarez de la Lama, instaba a los productores a entregar su grano “de forma escalonada” para asegurar la estabilidad del mercado. A efectos prácticos, y teniendo en cuenta su conocimiento del sector, ¿esto es posible? ¿Qué otras medidas aconsejan para lograr este propósito?
En la última FIMA, de la Lama también recordó que los precios del grano, por encima de los 200 euros la tonelada para el trigo y la cebada, todavía son demasiado altos. En general, ¿a qué se deben estas cotizaciones?
Básicamente, nos hemos de remitir a la ley de la oferta y la demanda. En los últimos años, ha aumentado el consumo de cereales a nivel mundial, especialmente en países emergentes y, además, ha entrado en escena la producción de biocarburantes. Es decir, a mayor demanda, precios más altos.
No podemos dejar de señalar otros factores como la repercusión de los ya mencionados fondos de inversión de materias primas, el aumento de los costes logísticos, la inestabilidad de las producciones y en consecuencia la disminución de los stocks globales.
Desde el punto de vista normativo, ¿se regula lo suficiente para evitar fluctuaciones en los mercados de cereal o sería necesaria una intervención mayor por parte de las administraciones y organismos internacionales?
En Accoe abogamos por un mercado libre autorregulado, por lo que consideraríamos muy positiva la implantación, entre otras, de las siguientes medidas:
-Creación de algún tipo de instrumento de gestión que evite la especulación en los mercados de derivados de materias primas. En general, la volatilidad de los precios sólo beneficia a unos pocos y causa graves perjuicios a la totalidad de los consumidores finales.
-Retomar el sistema de intervención. Es necesario seguir contando con una herramienta que ha demostrado en numerosas ocasiones su utilidad. Ahora bien, tendría que estar dotada de suficientes recursos para mejorar su capacidad de reacción frente a eventualidades críticas, agilidad de la que ha carecido hasta ahora y que ha llegado a causar problemas en el mercado en campañas anteriores.
-Evitar la discriminación entre operadores. Las ayudas constantes que perciben las entidades cooperativas suponen una distorsión del mercado, generan competencia desleal, y provocan, en la mayoría de los casos, debido a la deficiente gestión de este tipo de empresas, una reducción de las posibilidades de negociación de los agricultores, retención de mercancía y, por consiguiente, especulación.
Por último, y desde Accoe, ¿qué esperan de la reforma de la futura PAC en función de los intereses del sector cerealista nacional?
El objetivo último de la PAC es, o debe ser, garantizar la sostenibilidad del sistema productivo europeo. Los organismos de gestión comunitarios han de ser conscientes que de sus decisiones depende, nada más y nada menos, la alimentación básica de 500 millones de personas. Hablamos de un sector estratégico que cumple con unas normativas de calidad exigentes, seguridad y sostenibilidad medioambiental. Unos requisitos, a la vez, demandados por la sociedad que, sin acciones adecuadas, podría hacernos caer en la dependencia de otros países de fuera de nuestro entorno.
Lo que esperamos de la futura PAC son medidas que aseguren la viabilidad de ese sistema, que nuestras explotaciones sigan siendo competitivas y que el resultado final garantice la rentabilidad de todos los que formamos parte de la cadena producción-comercio-consumo.